¿Se puede cambiar?

martes, octubre 13, 2015

¿Puede una persona cambiar? Desde mi punto de vista, sí, se puede cambiar; pero cambiar es difícil. Las primeras preguntas que deberíamos hacernos son: ¿queremos cambiar? ¿Qué queremos cambiar?

No es lo mismo cambiar de peinado o cambiar la hora habitual para levantarse o acostarse, que llevar a la práctica un cambio más profundo. Entendemos por cambio más profundo aquellos que afectan a nuestra valoración del mundo y, por tanto, afectan a nuestra forma de comportarnos y relacionarnos con los demás. Algunos ejemplos de este tipo de aspectos susceptibles de ser cambiados serían los siguientes:
  • ¿Eres obsesivo y obsesiva?
  • ¿Eres tímido?¿Te resulta imposible hablar en público?
  • ¿Eres celosa o celoso?
  • ¿Tienes mal carácter?¿Te enfadas con facilidad?
  • ¿Te consideras una persona depresiva?
  • ¿No confías en los demás?
  • ¿Eres miedosa o miedoso? ¿Te angustias fácilmente ante cualquier problema?
  • ¿Eres dependiente?
Hablamos de cuestiones relacionadas con nuestra personalidad: es decir, facetas de nuestro comportamiento estrechamente relacionadas con nuestra experiencia cognitiva (nuestra forma de valorar las cosas, los acontecimientos, la realidad).

Cambiar es posible, pero puede resultar endiabladamente complicado (¡aunque no imposible!). Pensad que el comportamiento de una persona es el resultado de toda la experiencia que esa persona ha acumulado a lo largo de su vida: su cultura, educación, relaciones... Todo ese cúmulo de experiencias ha propiciado y propicia la aparición de algunos "automatismos" en su forma de pensar y valorar las cosas y, por tanto, condiciona también su comportamiento y actitud. Una persona que haya recibido malos tratos en su infancia podría tener tendencia a la timidez, a intentar pasar desapercibido, a tener más miedo ante la vida...

¿Cómo cambiar?

Entrenando. Entrenando muchísimo. De la misma forma que para correr 20 kilómetros tenemos que entrenar y acondicionar nuestro cuerpo durante varios meses; para cambiar nuestra forma de pensar y valorar las cosas tenemos que entrenar nuestra mente, sustituyendo aquellos pensamientos automáticos aprendidos durante nuestra vida, por otros pensamientos que nos lleven a comportarnos de manera diferente. Desgraciadamente, este entrenamiento mental no es cuestión de meses o semanas, sino más bien de años, según la faceta que deseemos cambiar.

Por ello, es fundamental tomar consciencia de nosotros mismos y de nuestros pensamientos. Para solucionar un problema de obsesión, es fundamental ser consciente de que somos obsesivos. Para superar un problema de celos, es fundamental ser consciente de que somos celosos. Es imprescindible, en cualquier caso, tomar consciencia de lo que se piensa en cada momento y, a continuación, plantearnos por qué pensamos eso.

En el por qué, probablemente, encontraremos que en muchas ocasiones lo que pensamos es absolutamente irracional: está motivado por nuestra experiencia previa y puede no tener justificación. Si hace 20 años mis compañeros de colegio se reían de mí porque tartamudeaba en clase cada vez que tenía que leer algo, puede que eso me haya generado miedo a hablar en público, al pensar que todas las veces que lea en público, la gente se va a reír de mí. Esta sobregeneralización no está justificada, pero la hemos interiorizado y aplicado durante tantos años que al final la hemos hecho real (en nuestra mente, claro) y aparece automáticamente.

No hay una receta para cambiar. En general, tendríamos que estudiar de modo concreto cada problema, determinar las causas y buscar soluciones que podrían pasar por:

  • Tomar nota de nuestro diálogo interno para desechar aquellos pensamientos irracionales.
  • Enfrentar el problema que nos condiciona, poco a poco.
  • Aplicar mecanismos que nos lleven a mejorar nuestra autoestima.
  • Motivarnos de manera constante: ¿por qué quiero cambiar?
En definitiva, entrenar duro durante mucho tiempo.

No debemos olvidar que el cambio debe alcanzarse para ser mantenido en el tiempo sin sufrir. Es decir, no basta con convencernos a nosotros mismos de que "ya no somos obsesivos" o "ya no somos celosos". Se trata de que no suframos una vez que nos comportamos de manera diferente. En otras palabras: no vale engañarnos a nosotros mismos. Por ejemplo, si somos personas dependientes que no "podemos vivir" sin controlar cada paso de nuestra pareja, no vale decir: "vale, ya no voy a controlar más a mi pareja", aunque por dentro estemos sufriendo terriblemente porque no sabemos lo que está haciendo en cada momento. Hablamos de cambiar nuestra propia experiencia, la forma en la que valoramos la realidad. De este modo, volviendo al ejemplo anterior, se trata de no sufrir si no tenemos controlada a nuestra pareja en cada momento.

Si cambiar es difícil o prácticamente imposible, ¿para qué cambiar?

Porque estamos en esta vida para ser felices y ofrecer a los demás lo mejor de nosotros mismos. Si estás leyendo esta página, probablemente estés buscando alguna receta para cambiar algún aspecto de tu vida o personalidad que no te gusta. O quizás lo hagas porque deseas que alguna persona cercana a ti cambie algo de su vida. En cualquier caso, para cambiar es necesario tener voluntad de cambio y esa voluntad, probablemente, encuentre su mejor punto de apoyo en el bienestar que deseamos para nosotros mismos o para otra persona.

Si quieres cambiar algo de tu vida porque crees que ese algo no funciona bien o te hace daño, tienes motivos más que suficientes para comenzar a cambiar ese algo desde ahora mismo.



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