Uno de los pasos fundamentales para mejorar nuestra autoestima consiste en desechar, de una vez por todas, la autocrítica no constructiva a la que muchos de nosotros nos sometemos constantemente. Tenemos que comenzar a intercambiar los pensamientos.

Ninguna persona es perfecta, simplemente porque es imposible; de hecho, en términos emocionales, creo que sería imposible describir o definir qué es la perfección. Todos somos diferentes y todos tenemos cualidades y capacidades positivas y realmente asombrosas… ¿Por qué nos empeñamos en ocultar estas bonitas cualidades y nos fijamos solamente en aquello que no nos gusta? Hay que comenzar a cambiar el chip.

El diálogo interno: nuestro gran amigo… O enemigo

Es habitual que en muchos momentos de la vida mantengamos un diálogo interno (con nosotros mismos) acerca de aquellas cuestiones que nos preocupan o que nos rondan la cabeza. Por ejemplo, cuando vamos de camino a una cita con un amigo y llevamos varios minutos de retraso, podría ser normal para una persona de baja autoestima pensar lo siguiente:

Vaya, llego 10 minutos tarde. Seguro que Fulanito está allí esperándome desde hace media hora. Va a pensar que soy impuntual y que no tengo seriedad. Siempre me pasa lo mismo. Ya lo decía yo: debería haberme puesto en marcha antes, pero soy muy vago. No tenía ganas de salir y debería haberme quedado en casa…

Probablemente,  si seguimos dialogando con nosotros mismos (y tenemos la autoestima baja) llegaríamos a la conclusión de que lo mejor para la humanidad hubiera sido no nacer. ¿Por qué en nuestro diálogo aparece ese castigo hacia nosotros mismos: “no tengo seriedad”, “soy muy vago”, “debería haberme quedado en casa”… ?

Una persona con alta autoestima, podría pensar lo siguiente:

Llego 10 minutos tarde. Voy a llamar a Fulanito y le cuento que me he retrasado porque no he tenido mucho tiempo.

Así de simple.

Debemos aprender a racionalizar el diálogo interno. En lugar de pensar en conceptos exagerados y negativos sobre nosotros mismos, debemos controlar y racionalizar nuestra forma de pensar. Podríamos pensar así:

Llego tarde, sí, pero no pasa nada. La verdad es que no tenía muchas ganas de salir y por eso me he retrasado. Ahora se lo cuento a Fulanito. La próxima vez, intentaré ponerme en marcha antes. De todos modos, lo importante es que voy a ver a mi amigo.

Esta es la clave de todo. El pensamiento racional. Hay que desechar las creencias irracionales y sustituirlas por pensamientos lógicos o racionales.

Para conseguir esto, es fundamental que comprendamos cómo funcionan algunas técnicas de pensamiento y aprendamos un poco acerca de la terapia cognitiva.

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